lunes

de madre a madre




Tú, que te has levantado girada, porque las madres también nos levantamos del revés a veces, y has sonreído y dicho "buenos días" a tu hijo/a, con tu voz más dulce, te mereces un monumento.

Tú, que te has levantado girada y has sido incapaz de disimular, tú que has necesitado verbalizarlo y expresarlo en voz alta, te mereces un monumento.

Tú, que has aguantado la cuarentena de la varicela con un bebé/niño en casa y has participado en tantos juegos y has sobrevivido, cuando pensabas que no podrías más, te mereces un monumento.

Tú, que llevas 5 noches sin dormir más de 4 horas, por la “itis” de turno, y sabes que esta noche será la sexta, te mereces un monumento.

Tú, que has cogido parte de tus días de vacaciones para poder cuidar a tu hijo enfermo, porque este sistema patriarcal tan injusto no te da otra opción, te mereces un monumento.

Tú, que hoy (por lo que sea) necesitas un relevo urgente y sabes que el relevo no llega hasta las 5 de la tarde, y respiras y te reinventas, minuto a minuto, hasta las 5, te mereces un monumento.

Tú, que piensas “hoy no llego a la cena”, porque estás un poco enferma y cansadísima, y horas más tarde te ves tranquilamente cenando con tus hijxs y riéndote, te mereces un monumento.

Tú, que en un momento concreto has llamado a tu madre (que vive en otra ciudad) o a una amiga cercana para poder dormir y descansar, y no has necesitado excusas, te mereces un monumento.

Tú, mamá lactante, que pillas todos los virus de tu hijx (con lo que eso comporta) mientras le ayudas a inmunizarse, te mereces un monumento.

Tú, que das la teta a temperaturas increíbles, de día y de noche, y tienes más trucos que el almendruco para no pasar calor ni frío, te mereces un monumento.

Tú, que a veces has gritado y te has largado a la calle con un portazo, tú que has dejado salir la rabia y no te ha gustado, a pesar de que era necesario… Tú que no te has reconocido, pero te has perdonado, te mereces un monumento.

Tú, que no tienes una pareja o tribu que te apoye en la crianza, y te sientes sola, pero continúas día a día, te mereces un monumento (y una tribu).

Tú, que tienes una pareja que te apoya en la crianza y estáis en fase de conflicto, por mucho que sepas que es parte de vuestro aprendizaje, te mereces un monumento.

Tú, que has mirado a tu infancia cara a cara, que has hecho el viaje en pleno puerperio para sanar tu historia y llegar libre a tus hijxs,  te mereces un monumento.

Tú, madre bloguera, compañera de viaje virtual y de horas sin dormir, la que (sin saber cómo) encuentra tiempo para cada post, la que come a veces delante del ordenador, la que escribe hasta soñando, te mereces un monumento.

Tú, que ya los tienes en la adolescencia, y practicas cada día la confianza y el amor incondicional; tú, que a pesar de las mil dudas de esta nueva etapa, has decidido embarcarte en el viaje, te mereces un monumento.

Tú, que colechas feliz y deseosa cada noche, a pesar de dormir en posturas increíbles, tú la de la cama sin horarios, te mereces un monumento.

Tú, que estás teniendo un embarazo complicado y además has de cuidar a tu hijo/a mayor, tú la que convives con la esperanza y el miedo, te mereces un monumento.

Tú, que has cogido una excedencia para estar con tu hijo/a, y las estás pasando canutas, económicamente hablando, y aún así lo volverías a hacer (una y mil veces) porque es lo mejor que has hecho en tu vida, te mereces un monumento.

Tú, que has vuelto a trabajar sin ganas, porque quisieras quedarte con tu hijo, y lloras a escondidas en el curro y vuelves a casa, como alma que lleva el diablo, para sanar -con una dosis extra de cuerpo a cuerpo- el dolor mutuo de esa separación, te mereces un monumento.

Tú, que has ido a por el segundo, con una situación incierta en casa (sea la que sea), porque el deseo de ese niño por venir te estaba explotando en el cuerpo y jamás te has arrepentido, te mereces un monumento.

Tú, que has luchado por salvar tu lactancia, con uñas y dientes, da igual si lo has conseguido o no, tú que has encontrado como yo un hada madrina (de la teta), te mereces un monumento.

Tú, que das el biberón como si fuera el pecho, con esa ternura que me deja boquiabierta; tú, la reina del porteo, ya sabes quien eres, te mereces un monumento.

Tú que tienes un bebé estrella, o dos, o tres, con todo el amor y el dolor que eso comporta, te mereces un monumento.

Tú que no tuviste tu parto soñado, estuvieras muy informada o no (da lo mismo) y has sido capaz de aceptarlo y sanarlo, (o estás todavía a mitad camino) te mereces un monumento.

Tú, mujer y madre, que eres yo, que eres tú, que eres tu madre, tu abuela, tu linaje, tu hija y a la vez te sabes única e irrepetible, te mereces un monumento

Tú, la madre de x (y w, y z…), la de los sueños cotidianos, la de los imposibles posibles, la del cuidado, la del calor, aunque no salgas jamás en la prensa, sabes que con cada minuto estás cambiando el mundo…

No lo olvides.

No hay nadie como tú.

Eres una campeona!!!


Myriam Moya Tena

Maternar en Tribu




miércoles

El síndrome de Down y su Impacto familiar


por Paula Oyarzún (Chile)





Nadie está preparado para recibir la noticia del nacimiento de una persona con discapacidad, y el que diga lo contrario que tire la primera piedra.

El nacimiento de un hijo con síndrome de Down implica un impacto en lo más profundo del “YO” de los padres, que los remueve y muchas veces hasta los paraliza por un tiempo.

La sorpresa ante algo tan inesperado, como es el nacimiento de un hijo con síndrome de Down genera cambios sustanciales en la vida familiar, que trasciende más allá de la familia nuclear. Percibir preocupación y apoyo por parte de la familia de origen es fundamental y positivo para el afrontamiento de la situación y el futuro desarrollo de la persona con síndrome de Down.

Sabemos que la familia es un espacio relacional donde sus miembros interactúan entre sí, se consideran roles, jerarquías, funciones y principalmente es donde el niño con síndrome de Down se va a desarrollar durante su ciclo vital.

Los padres con hijos con síndrome de Down suelen incorporar nuevas rutinas que están orientadas a atender el tratamiento de la persona con síndrome de Down, lo que implica invertir mayor tiempo, dedicación y dinero en este hijo, afectando así la dinámica cotidiana familiar, la cual va a requerir inevitablemente un proceso de adaptación constante, es por eso que todos sus miembros, tienen que ser capaces de mantener la continuidad de la familia, por un lado y de conseguir el crecimiento, de todos sus miembros por otro.

A menudo pueden surgir problemas como falta de comunicación con la pareja, adicionalmente afloran sentimientos de pena, angustia, impotencia, cansancio, tristeza, pero también surge una reformulación de la idea de sí mismo la cual está ligada estrechamente a la identidad, logrando formar una percepción de nosotros mismos de mayor fortaleza para enfrentar situaciones inesperadas , nace una mayor capacidad de enternecerse con las cosas y desarrollar afectos incondicionales hacia los otros, acrecentando la capacidad empática y estableciendo mayores vínculos.

Paula Oyarzún S.
Psicóloga Clínica.
Magíster en Terapia familiar.
Paula.oyarzun@vtr.net

Tomado de:

http://www.down21.org/web

martes

ella y yo


La hojita más pequeña de hierba
nos enseña que la muerte no existe.

dar




Te doy mi cuerpo infinito y redondo de mujer-abrazo, mi cuerpo desnudo, sin tallas ni complejos … todo tuyo.

Te doy mi cuerpo sangre, mi cuerpo leche, mi cuerpo carne, mi vientre sagrado que te dio cobijo, su memoria abultada que te honra, sin tirantez, sin tiranías…

Te doy mi cuerpo hermoso de madre cercana a los cuarenta, de madre consciente, de madre instintiva, de madre deseante y saciada, de madre- vida

Te doy mi cuerpo de mujer cíclica con todas sus hormonas, mis subidones sin ascensor, mis altibajos sin escaleras, mis lunas ancestrales, mi menstruación roja y sagrada … me costó aprender a amarla, te enseñaré.

Te doy mi cuerpo amado, por papá, por mí misma, mi cuerpo placentero, mi cuerpo recolector de historias, mi cuerpo guardián de secretos, mi-tu morada.

Te doy mi cuerpo sabio con todos sus idiomas, con sus cartografías, sus recovecos… ningún hombre llegó donde tú llegas, ya no hay corazas.

Te doy mi cuerpo rebelde, mi cuerpo salvaje, mi cuerpo politizado, mi cuerpo insumiso, mi cuerpo que cuestiona el sistema capitalista y patriarcal, mi cuerpo orgulloso de mujer en lucha, aquí y ahora.

Te doy mi cuerpo-mente de adicta a la literatura, mi hermoso baúl de mujer culta, mis idiomas, mi música, mis libros, mis poemas… tanto que creía que sabía, hija mía, y sin embargo todo es nuevo.

Te doy mi cuerpo sin relojes, mis horas vivas, mi hermoso trabajo no remunerado, mis sonrisas sin límite, mi cercanía… te doy mis seis sentidos.

Te doy mi cuerpo cuando está sano, mi cuerpo cuando enferma, mis límites sobrepasados, mis deseos cumplidos, mis lágrimas, mis miedos, mi paciencia infinita, mis pequeñas victorias cotidianas… soy yo: tu madre, la que tan bien conoces, imperfecta y humana, con matices.

Te doy mi cuerpo Zambra, te lo presto, para que lo conviertas en campamento base y vayas, vengas, vuelvas…

tuyo, mientras tú quieras, ya lo sabes.



Myriam Moya Tena